4 de junio de 2026

El espejismo del Corredor “Verde” de la Séptima: trucos matemáticos, árboles "huérfanos" y desapariciones inexplicables

Por: Sebastián Rojas Ricaurte
El espejismo del Corredor “Verde” de la Séptima: trucos matemáticos, árboles "huérfanos" y desapariciones inexplicables

El proyecto "Corredor de la Carrera Séptima" se presenta como una apuesta por la naturaleza y el espacio público. Sin embargo, el análisis de los documentos técnicos del IDU y la Secretaría Distrital de Ambiente para el tramo 3, entre las calles 99 y 200, revela inconsistencias, falta de responsabilidad y un retroceso ambiental para Bogotá.

En el Lote 1 (calles 99 a 127) se pavimentarán 17.864,2 m² de zonas verdes, pero solo se crearán 14.764,1 m² nuevos, generando una pérdida neta de 3.100 m² de suelo natural. El IDU oculta este déficit con una maniobra: al implementar apenas 1.800 m² de Sistemas de Drenaje Urbano Sostenible (SUDS), se aplica una “deducción” de 10.354,6 m², presentando en el papel un balance positivo. Así, no tienen que compensar esta pérdida.

A pesar de estar protegidos por veda nacional, las resoluciones de la Secretaría de Ambiente (SDA) aprueban la afectación (tala, traslado o corte de raíces y/o copas) de 54 árboles de especies como nogal, pino romerón y palma de cera. En total, 1.116 árboles serán talados solo en ese tramo: 510 en el Lote 1, 544 en el Lote 2 y 62 en el Lote 3. También se afectarán ecosistemas con presencia de bromelias y fauna silvestre con nidos activos. La tala generará 143 metros cúbicos de madera comercial (Eucalipto, Pino y Ciprés), cuyo destino final es incierto pese a la obligación de tramitar salvoconductos.

El diseño priorizó carriles y estaciones de TransMilenio, dejando poco espacio para reponer los árboles talados. Por eso, la SDA aprobó una “compensación mixta” que obliga al IDU a pagar más de $2.000 millones (como si con eso hiciéramos algo), mientras que la reposición deja mucho que desear.

En el lote 1, solo alrededor de 2 árboles por cada uno talado serán sembrados, una cifra muy lejana al 5x1 ampliamente publicitado. Además, se instalarán 187 árboles en materas movibles de concreto sobre separadores centrales, que el Jardín Botánico no los reconocerá ni mantendrá, dejándolos sin protección oficial. Para colmo, la entidad no tiene garantizados los árboles de talla grande prometidos para todo el tramo, por lo que delegó la responsabilidad de vivero a la constructora, que deberá conseguirlos y criarlos.

Existen inconsistencias entre las cifras de tala y siembra entre las entidades: las resoluciones se basan en cantidades de siembra (2.066 para el Lote 2) que no coinciden con los diseños finales aprobados por el Jardín Botánico y el IDU (1.973), porque no caben. Antes de iniciar las obras, la SDA detectó la desaparición injustificada de 65 árboles de los inventarios iniciales. La propia Secretaría admite que "no se conocen bajo qué circunstancias fueron retirados" varios individuos. ¿Será lo mismo que está pasando ahora en Chapinero, que cada ciertos días aparece un árbol talado sobre el que no dan respuesta? ¿O será solo incompetencia? Además, en el Lote 3, la resolución aprobó intervenir un árbol más de los realmente existentes, evidenciando falta de rigor en los datos.

Tala reciente junto a otra que lleva años sin reponerse (donde solo hay pasto)

Para maquillar las cifras de tala, se trasladarán decenas de árboles, aunque la SDA reconoce que muchas especies no sobreviven al traslado. Sin embargo, los autoriza por solicitud del IDU, lo que condena a estos árboles a una muerte probable. Existe el precedente reciente de los traslados de la PLMB que han fracasado. Además, el mantenimiento de los nuevos árboles solo está garantizado por tres años, limitando su supervivencia a largo plazo.

La presión ciudadana ha dado pequeños frutos. El IDU y sus contratistas no planearon conservar árboles, pero la autoridad ambiental determinó que 64 podían mantenerse en el Lote 1. No hay registros claros de conservación en los otros lotes. Además, 349 árboles (108 + 33 + 208) fueron clasificados bajo “Tratamiento Integral”, lo que permite al contratista intervenir raíces y copas para adaptar la obra, sin garantizar su supervivencia. La única excepción es el Cedro No. 907, único árbol patrimonial que aparentemente será protegido adecuadamente.

Bogotá no puede aceptar la destrucción de su patrimonio natural poniendo en primer lugar el dominio de los buses y estaciones de TransMilenio. Se exige una revisión inmediata de los diseños, una revisión detallada de las resoluciones de manejo de los árboles (del tramo 3 del proyecto y de los árboles talados recientemente en varios puntos de la Séptima en Chapinero) en mesa técnica con el Concejo de Bogotá con presencia de la ciudadanía organizada, así como respuestas sobre la desaparición del arbolado urbano.